Era domingo, así que decidí tomarme todo el día libre. Me desperecé y salté de la cama dejando las sábanas blancas sobre la cama vacía. Me dirigí a la cocina cogí un cuenco, lo llené de leche y después de mis cereales favoritos, tenía la sensación de que hoy sería un gran día.
Boogie apareció por la cocina con andares sosegados y comenzó a ladrar.
-¿Qué Boogie tú también quieres algo para comer? Espera, voy a buscarte algo.
Tras haber servido a Boogie una buena ración de comida en su cuenco. Me dirigí al salón, el sol lo iluminaba todo y entorné los ojos. Me senté en el sofá y comí mi cuenco de cereales viendo la televisión. Tan feliz como podía estar un domingo recién levantada.
Pasadas las doce de la mañana decidí salir a dar una vuelta.
-¡Vamos Boogie, vamos a dar una vuelta!
Boogie salió corriendo desde un rincón de la habitación y se colocó justo delante de la puerta.
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