Según la R.A.E su definición de amor es: “ Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.”
¿No creéis que sea una definición estándar? Nadie puede explicar el concepto de amor, nadie puede plasmar en simples palabras lo que se vive con él. Para mí, para ti, para ellos, para cada persona el amor se puede definir con un simple él o ella.
Yo no conocía el amor de verdad hasta ese maravilloso verano. Esas vacaciones en Francia, su brisa, su aroma, sus vistas y luego en primer lugar estaba él, Eric.
Viajé a Francia con mi familia, pasaríamos allí todo el verano. Fue el mejor verano de toda mi vida.
Llegué al hotel, deshice la maleta y me preparé para dar una vuelta por los alrededores. Todo estaba lleno de coches. Era una verdadera locura.
Seguí caminando. El hotel estaba cerca del museo Louvre así que cuando llegué hasta allí me senté en el césped que había alrededor. Había pasado muchos años desde la última vez que había estado allí.
Cuando era niña pasaba todos los veranos en Francia con mis abuelos. Tenía buenos recuerdos de ese tiempo nos sentábamos en el césped y observábamos la gente que pasaba. Mi abuelo era un gran observador, me enseñó a descubrir cosas en las que a simple visto no te fijas. Estar allí, ahora, me recordaba a él.
Me incorporé y me dispuse a caminar en dirección al hotel. Alguien tocó mi hombro.
- Hola, te acabas de dejar el bolso en aquella colina.
Era un chico de ojos verdes.
- ¡Vaya! ¿Dónde tendré la cabeza -sonreí- Gracias… ¿Podría saber tu nombre?
- Claro -tenía una preciosa sonrisa- me llamo Eric, encantado de conocerte… –dijo intentando continuar la frase-.
- Anna, me llamo Anna.
Me había quedado embobada seguro que ahora le parecía una niña estúpida. ¡Vamos Anna, pregúntale algo!
- Umm... Bueno ¿Tú vives aquí?.. Quiero decir en... Paris.
Bien Anna, ahora seguro que creía que eras totalmente estúpida, ¿Por qué salen balbuceos de tu boca? ¡Concéntrate!
- Sí, vivo en Montmartre. ¿Y tú? Si se puede saber claro -sonreía-.
- No, no vivo aquí soy de España. Estoy… como decirlo… de vacaciones con la familia.
- ¡Perfecto! Podría enseñarte la ciudad.
- No creo que puedas sorprenderme, por así decirlo he estado aquí más de una vez.
- Pero nunca he sido yo quien te ha enseñado la ciudad. ¿Verdad?
Le sonreí.
Quedamos para esa misma tarde en la puerta del hotel.
Llegó la hora. El corazón me latía tan fuerte y tan rápido que creía que de un momento iba a salir corriendo.
Vamos Anna, tranquilízate. Es un chico que acabas de conocer, si vale, es guapo, te va a enseñar la ciudad ¿Y qué?
Bajé hasta la puerta y ahí estaba Eric esperándome encima de una Vespa.
-¿Vaya ahora voy a hacer un tour de la ciudad en moto?
- Claro te dije que iba a ser de una manera diferente.
-Pero nunca he subido en moto.
-¿Tienes miedo?
-¡No! – vaya me había descubierto, no me daba miedo, tenía pánico a las motos-.
- Venga no tengas miedo, confía en mí, sube –dijo mientras me tendía la mano-.
Tomé su mano. Subí a la moto, me puse el casco y salimos de allí. Me agarré a él muy fuerte. Se paró en un pequeño pero bonito café.
-Anna, puedes soltarte ya hemos parado. No te ha pasado nada.
-Ya… solo es que…
-Tranquila.
Me explicó la historia de ese café, la razón de que le gustase. Después nos volvimos a montar en la moto. Ya no tenía tanto miedo. Las ruedas pisaban el asfalto, Sacre Coeur, el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, la Villette, los campos Elíseos…
Mientras hablábamos sobre nosotros y reíamos.
Estaba atardeciendo.
-Ojalá esto no se acabará nunca. En fin, está anocheciendo ¿Podrías llevarme al hotel?
De vuelta a casa pensé, me dejé llevar sintiendo el aire acariciando suavemente mi rostro sintiendo la libertad corriendo por mis venas. Sintiéndome libre, como si pudiera volar, como si nadie pudiera pararme. Sintiéndome viva.
Me bajé de la moto.
- Gracias, Eric. ¿Sabes qué? Si esto fuera un sueño…
- ¿Qué?
- No querría despertarme nunca. Viviría en él. Gracias por todo.
Se quedó cayado.
Bien Anna, bien has metido la pata. No le gustas, a él no le gustas y tú te acabas de enamorarte de él. Perfecto Anna.
Bajé la cabeza, me di la vuelta y salí corriendo.
-¡Anna!
Estaba a mi espalda cogiendo mi mano para q no me fuera.
-¿Si?-dije mientras una lágrima resbalaba por mi rostro-.
Se acercó. Me besó. El amor corría por mis venas, lo sentía.
-Gracias a ti también. Mañana paso a buscarte ¿Vale?
-Me parece perfecto.
Le sonreí.
La noche siguiente nos hicimos con Paris, lo guardamos en nuestros bolsillos, nos llenamos de esa brisa de verano, ese aroma a amor. Hicimos de Paris nuestra ciudad.
Así pasó ese fantástico verano. Entre besos, sonrisas y amor.
Pero todas las vacaciones se acaban y llegó la despedida.
-Eric, no quiero irme, quiero quedarme contigo- dije llorando, no podía imaginarme como sería mi vida sin él ahora-.
- Te propongo una cosa vamos a vivir por ahí donde nadie nos conozca, donde seamos libres. Donde podamos disfrutar de un atardecer. Un lugar donde nosotros seamos los protagonistas, donde seamos los escritores de nuestra propia historia. Vamos a escaparnos y dejarlo todo atrás.
-Ojalá pudiera.
-Bueno tranquila, volverás el verano que viene.
Me despedía de él llorando. No podía mantener la idea de estar apartada de él durante un año.
Subí a la habitación cerré la puerta y me quedé apoyada en ella, rompiendo a llorar y notando como en mi garganta se producía un gran nudo y en mi pecho se abría un gran vacío. No podía separarme de él.
Pasó un mes y cada segundo le echaba más de menos.
Sonó el móvil.
-¿Eric?
-¿Eric?
-Anna. Estoy aquí, estoy en Barcelona, he venido buscarte, no podía aguantar más alejado de ti y cogí el primer avión cuando tomé la decisión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario