sábado, 18 de diciembre de 2010

Amor, palabra de cuatro letras. Parte VI

La verdad el chico era bastante mono. Pero debía olvidarme de él. ¿Cómo me podría fiar de un completo desconocido?
   De repente me encontré con hambre, así que pasé a la pastelería cerca de mi casa.
   Salí de allí con dos croissant de chocolate. ¡Definitivamente el chocolate me podía, era mi adicción! ¡Peores adicciones hay!
   Llegué a casa. Solté a Boogie que salió corriendo impaciente a la cocina y me senté en el sofá. No tenía nada que hacer así que me puse a dibujar. Podía pasarme dibujando horas y horas, perdía el sentido del tiempo cuando dibujaba, cuando me di cuenta eran las diez de la noche, así que me despedí de Boogie apagué la luz y me acosté, caí rendida al segundo.
   La luz nueva de una brillante mañana atravesaba las cortinas de mi habitación. Había ganado otra vez al despertador, esto se convertiría en un récord.
   Era lunes, así que tenía que prepararme para ir a clase. Me puse la ropa, desayuné, cogí la mochila y me fui. No tarde mucho en llegar. Allí estaba esperándome a la entrada, una nueva amiga que había hecho en la escuela de arte. Ella se llamaba Adeline.
-¡Hola Adeline! ¿Qué tal el fin de semana?
- Genial, todo el fin de semana ha sido una fiesta en sí. ¿Y el tuyo, Jane?
- Un típico fin de semana en casa.
- Jane, deberías salir más, deberías aprender de mí.
- Adeline, debo irme si no llegaré tarde a la primera clase. ¡Luego nos vemos!
   Estuve toda la mañana en las nubes como era de costumbre para mí. Cuando terminaron las clases y el fuerte timbre nos dio la libertad recogí y salí de la clase, no vi a  Adeline así que decidí ir a tomar un café a “Vlan coffe shop”.
   Después de tomar el café decidí ir al museo de arte de la ciudad.
   Cuando quiero estar sola, alejada de todo para reflexionar me dirijo al museo de arte de la ciudad, cuaderno en mano para escribir y admirar aquellas maravillosas obras de arte que guardan tanto dentro.

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