sábado, 18 de diciembre de 2010

Amor, palabra de cuatro letras. Parte VII

Y es que siempre he pensado que el arte es plasmar tus sentimientos en un lugar, sentimientos que tal vez escondes inconscientemente y se dan a conocer gracias a un pincel. Porque el arte es llevado a cabo por el corazón. El arte es desenfadado, sentimental, complejo… Y es que con solo una pincelada puedes dar a conocer un estado de ánimo.
   Estaba sentada en uno de los bancos cuando alguien tocó mi hombro y sobresaltada me di la vuelta. Era otra vez Drew. ¿Cuántas veces me encontraría a este chico? Había venido aquí para olvidarme de él y ahora aparecía otra vez como por arte de magia.
-¡Vaya, tú otra vez! ¿No me digas que me estás siguiendo?
- Tal vez
-¿Cómo que tal vez?
- ¿Te parece romántico que no te pueda sacar de mi cabeza y te siga inconscientemente?
- No
-Entonces solo estaba dando una vuelto- y esa adorada sonrisa suya volvió a aparecer entre sus labios-.
-¿Sabes tengo que irme? No puedo perder más tiempo escuchándote.
   Tras varios días seguía pensando en Drew, no me lo podía sacar de la cabeza.
   La siguiente semana había acabado con los exámenes, así que decidí dar una vuelta por Central Park después de clase. Bajé calle abajo pasando por la embajada francesa y luego por una de las entradas de Central Park que daban a la quitan avenida. Llegué hasta la  estatua de “Alicia in Wonderland”.
    Seguía pensando en Drew, en su maravillosa sonrisa y aquellos bonitos ojos claros. Me dispuse a escribir sobre él en mi cuaderno, cuando de repente como por arte de magia apareció.
-         -¡Hola  Jane! ¿Qué has escrito en ese diario tuyo  sobre mí?
-        - ¡Nada! ¡Dios, tan humilde eres que crees que el mundo entero gira en torno a ti! ¡Egocéntrico!
-       -  No, egocéntrico no, te equivocas. Solo sé que has escrito sobre mí.
-       -  ¡Ah! ¿Sí? ¿Y por qué se supondría que debería escribir sobre ti?
-      -   Porque te gusto, lo sabes pero no quieres aceptarlo.
   Y en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos tan juntos que casi nos podíamos tocar. Entonces, me aparté bruscamente de él y me despedí:

-Adiós, lo siento tengo que irme tengo prisa.

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