sábado, 18 de diciembre de 2010

Amor, palabra de cuatro letras. Parte VIII

   Tenía la cabeza en otro mundo, ahora ya no pensaba claro, decidí escribir todo lo que pensaba en mi diario.
   “Vaya no tengo ni idea de lo que ha pasado, por una vez en la vida me he quedado sin palabras y he tomado el camino más fácil, el camino de la huida. Debía haberle plantado cara. Debía haberle dicho que no siento nada por él. Aunque, le estaría mintiendo. Siento por él sentimientos nunca experimentados por mi confuso corazón, sentimientos nuevos para este. ¿Y si me estoy enamorando de verdad? ¿Qué pasará?”
   A los pocos días volví a encontrarme con Drew. Paseaba por las calles de Nueva York de vuelta a casa, después de una eterna jornada como se me había hecho este día. Era otoño y los tonos dorados y marrones se extendían sobre la acera como una gran manto.          Vi un chico, era él. Comencé a caminar más y más deprisa, quise seguir caminando pero él me lo impidió.
-         ¿Recuerdas la conversación que tuvimos el otro día? Sí, en la que te dije que te gusto pero no quieres aceptarlo.
-          Sí, claro. ¡Cómo para no recordarla, estabas tan empeñado!
-         Pues he encontrado una manera de comprobarlo.
-         ¿Sí? ¿Cuál?
    Se acerco más y más a mí, cuidadosamente. Sentía su respiración cálida, atenuada por la mía  y tranquila. Y luego se alejó lentamente dejando tras de sí su aroma.
-         ¡Sí  pudieras ver la cara que tienes ahora mismo! – y soltó una gran carcajada- ¡Sí pudiera verla comprobarías por ti misma que lo que digo es cierto!
  Abrí los ojos y ahí estaba el riéndose todo y lo más fuerte que podía ¿¡Cómo podía ser en ocasiones tan odioso!? Tan ideal y a la vez tan odioso.
-         ¡Eres un idiota!
-          Sí, pero un idiota al que querías besar. Un idiota con suerte.
-         Si tal vez es hoy tu día de suerte. ¿Podrías quedar el sábado por la noche?
-         ¿Es una cita?
-         No, no es una cita.
-         ¿Entonces qué es?
-         Tú solo ven a la puerta del museo de arte de la ciudad a las 9 en punto, ni un minuto más, si no me marcharé ¿entendido?
-         Vale y gracias por esa cita y oportunidad.
   Pasaron los días e impaciente esperaba la llegada de esa magnifico sábado, en el que me había prometido hablarle a Drew sobre mis sentimientos hacía él.
   Llegó el día estaba muy nerviosa. Eran las 8 y todavía no tenía decidido que ponerme. Elegí un vestido negro de tirantes ajustado a la cintura con un lazo blanco y salí pitando de casa.

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